La salida de Hungría hacia el exilio tiene como primer lugar de destino Francia. A su llegada al país se ve impulsado hacia una práctica del reportaje que desarrolla sin un programa documental y social definido, como sí ocurría en ese lugar de origen. Esta situación parece llevarle inevitablemente hacia una apertura de campos temáticos, así como a una búsqueda de un lenguaje expresivo en consonancia tanto con el momento fotográfico que se vive en Francia, donde ya empieza a visibilizarse la orientación humanista, como con relación a su propia necesidad de encauzar profesionalmente su práctica de la fotografía. De hecho, tanto la ausencia de un marco sociológico o etnográfico como la obligación de trabajar con la mirada puesta en el mundo editorial, diarios y revistas propician cambios en su obra. En cierto modo, es una situación que actúa como un verdadero campo de pruebas que le obliga a modificar, probar e investigar, mientras define su entrada definitiva en el ejercicio de la profesión. Así, al tiempo que explora diferentes temáticas y situaciones, atenúa y suaviza de manera muy clara el formalismo de sus inicios, dejando algo de espacio para que la vida, las atmósferas y las emociones se manifiesten en sus imágenes. Algo que está más cerca no solo de la idea de reportaje humanista que se va abriendo camino en estos años, con su retrato empático y sensible de la sociedad, sino también de las necesidades gráficas de los medios.
Alberto Martín
«INTERVALOS. Una aproximación contextual a la obra de Nicolás Muller» (fragmento), en La mirada comprometida. Instituto Cervantes, 2020.








































